En la vida, hacemos muchas cosas de las cuales no estamos orgullosos, cosas que nos duelen, cosas que nos hieren, cosas que poco a poco agrietan nuestro corazón hasta convertirlo en polvo, hasta hacernos sentir que no pertenecemos a nosotros mismos, hasta hacernos sentir que no somos más que un cuerpo ocupando un espacio. El vacío siempre se apropia de nosotros en cierto momento de nuestra vida, corremos dentro de un carrusel sin fin que hace que nos desvirtuemos de la realidad de las cosas viviendo en un cuento de nunca acabar atados a opciones sin sentido que no nos llevan más lejos que al mismo punto de partida, es decir, en términos más llanos, dar vueltas en círculos perdiendo la fe en nosotros mismos, mientras el pasillo de nuestras vidas se hace más largo y angosto, mientras la juventud se nos escapa en los inclementes vientos del tiempo, mientras miramos atrás y vemos el caos del que somos responsables, simplemente pensamos que todo lo que importa se ha perdido.
Durante los últimos meses, poco a poco he ido dándome cuenta de muchas situaciones que me rodean, muchas realidades diferentes a la mía, he escuchado historias, vivido momentos duros, conocido personas que me han marcado y todo lo he ido plasmando en esta historia titulada “Crónicas de Un Amor Incompleto”, en la cual poco a poco he ido pintando a grandes rasgos lo que he podido apreciar durante 5 largos años, que me han cambiado para siempre. Aquí, en el final de esta historia, donde como promesa solemne a mí mismo, me he prometido no volver a escribir más, por el dolor que me causa hablar de estas cosas, les entrego completamente lo que soy y finalmente cierro el capítulo final de una vida llena de confusiones y dolores, para dar paso a otras cosas, para dar paso a tiempos mejores. Sin más preámbulos, la última entrega de estas Crónicas, la cual les brindo con el más sincero de los aprecios y con el más grande de los agradecimientos para todos aquellos que se han detenido a leerlas.
Me detengo un momento, en el más oscuro de los rincones, donde el tiempo no existe, donde la realidad no importa, donde soy juzgado por mí mismo de todos mis pecados, donde me enfrento a la realidad y pido clemencia para no herirme más. Cuántas veces no hemos estado en la situación de juzgarnos a nosotros mismos, en la cual tememos no podernos perdonar de las cosas que hemos hecho. Cuántas personas no hemos herido a otros sólo por puro placer, simplemente para sentirnos superiores, cuántas veces no hemos culpado a otros de nuestros errores para salvarnos y salir ilesos; ¿de esto se trata la vida? Pisotear al otro, para salvarnos a nosotros mismos y al pasar del tiempo, cuando ya es demasiado tarde, arrepentirnos. Mi historia inicia con esto. El pisotear a muchos sólo para llenar el placer estético de salvarme el trasero, mientras veo como otros sufren el castigo por mis pecados, sabiendo que es algo que está mal, pero riendo por dentro ya que “me salvé” de ser juzgado por otros. De qué sirve todo esto, si al final vamos perdiendo parte de nuestro ser, de qué sirve amurallar nuestros corazones para “no resultar heridos”, cuando dentro de estas murallas nos herimos constantemente. Empezamos a descuidar el concepto de nuestra existencia, empezamos a sufrir las consecuencias de nuestros actos y sufrimos en mayor proporción por el hecho de estar encerrados dentro de nuestras murallas de protección, donde nadie entra, nadie sale, donde fingimos sentimientos los cuales en realidad no sentimos y donde no importa más que satisfacernos a nosotros mismos, olvidándonos del disfrute que merece cada momento de la vida y centrándonos en el hecho de llenar nuestras supuestas “necesidades”, nos centramos en realizar lo que creemos “importante” y dejamos atrás el hecho de que muchas veces las cosas importantes no son las que nos hacen felices.
De qué le sirve al hombre ganarse al mundo, si al final del día no tiene alma para disfrutarlo. De qué me sirvió durante tantos años llevar una cruz tan pesada que me hizo sufrir de una manera inimaginable. Algunos lo verán como puro masoquismo y quizás sí, quizás soy un masoquista que no ha podido dejar su pasado atrás, un masoquista trastornado por el hecho de perderlo todo simplemente por conseguir lo “importante”. Perdí grandes amigos, perdí grandes personas, perdí maestros de vida, perdí oportunidades, perdí la felicidad…perdí mi sonrisa y cambio de qué, de momentos que llenaban mi carencia de valor para enfrentar la realidad de mis errores, A cambio de momentos que nunca me llenaron y con los cuales viví por largo tiempo. Estuve con mujeres, tuve dinero, hice siempre lo que se me vino en gana y qué gané con todo eso, sólo una cosa, más vacío. Busqué a Dios, pidiéndole que me ayudase a seguir adelante, creí haberlo encontrado y estuve equivocado, culpé a otros de mis desgracias en vez de responsabilizarme por ellas y durante 5 años he pagado el precio, a cambio de nada. Viví bajo la premisa de que mañana sería un día mejor, pero nunca trabajé para que lo fuera y siempre he creído que enmendando mis errores del pasado los dejaré atrás, que tonto e iluso he sido, porque aunque trate de enmendarlos, nunca me he perdonado a mí mismo por ellos. Rompí muchos corazones, tiré ilusiones al piso, acabé con muchas buenas relaciones por el hecho de “estar cansado o aburrido” y nunca di lo mejor de mí, porque nunca me interesó mucho hacerlo.
Corrí de brazos en brazos, hasta que por primera vez me enamoré, es aquí donde me di cuenta de que la vida cobra con creces lo que hacemos, luego de burlarme de la gente, se burlaron de mí, de la misma manera en que yo lo había hecho por tanto tiempo, DIABLOS, cuanto dolió eso, tengo que admitirlo, porque realmente nunca lo había hecho hasta ahora. Luego me convertí en un ser sin sentimientos, imagínense, además de ególatra y mujeriego, insensible, una combinación bastante explosiva, tanto que me olvidé el sentido de mi vida y lo centré en el hecho de, yo soy el centro del universo, el que brilla, el que se roba el espectáculo, el único que vale la pena, y todos a mi alrededor no son más que relleno que uso para asegurar y obtener todos mis caprichos. Mucho tiempo, pasé hundido en ese pozo séptico, regurgitando dentro de mi propia peste narcisista. Pasó el tiempo, fui creciendo, pero no madurando y las cosas se pusieron de mal en peor, hasta que me volví a enamorar, el amor perfecto, todo estaría bien, eso fue lo que creí, a eso me aferré y como siempre, lo eché a perder, para siempre y entre ustedes y yo, no me importó mucho que digamos, lo hice muchas veces, siempre lo mismo, nunca me esforcé y como siempre terminé perdiéndolo todo, por puro capricho. Pero saben, cuántas veces no hemos estado en la misma posición, de perder algo y no importarnos en lo más mínimo, simple y sencillamente porque vivimos diciendo que mañana será mejor, engañando a nuestro presente con el futuro, siéndole infieles a nuestro pasado, por el dolor que en éste hemos vivido y olvidando que aunque el pasado no nos define hoy, nos crea, es nuestro punto de partida y es a la vez, el norte que queremos seguir para nunca cometer los mismos errores.
A pesar de entender eso, en el momento más decepcionante de mi vida, seguí como si nada y simplemente llegué a odiarme y detestarme, no soportaba el hecho de ser yo, me odié tanto que realmente me dejé de importar y me convertí en un robot dentro de la monotonía de mi vida en ése momento, claro seamos francos, es lo que a todo ser humano pensante le pasa luego de ser la porquería más grande jamás creada. Hice muchísimas cosas durante esta etapa, me puse en peligro a mí mismo, simplemente para olvidar el dolor de mi corazón hecho trizas dentro de ése muro que había creado, alejé a todos y todo bajo el pretexto de que quería hacer las cosas sólo y que no necesitaba de absolutamente nadie, por supuesto, eso se debe a que todos nos sentimos cuando no queremos a nadie a nuestro lado por odio a nosotros mismos.
Creo que las cosas de la vida siempre nos hacen comprender lo insignificantes que podemos llegar a ser, si comparamos los buenos y felices momentos, con aquellos tristes que empañan nuestra felicidad y que peor aún son pura responsabilidad de nosotros mismos. Realmente es bastante fácil culpar a otros de nuestras fallas y no reconocerlas, pero es sumamente difícil enfrentarnos a la realidad, pura y dura, de la cual somos los únicos causantes. Pero volviendo a la historia, fue en ese momento de mi vida cuando todo dio un giro inesperado, es aquí, donde por fin luego de tanto tiempo, abro los ojos a la realidad y por primera vez, por dolorosa primera vez, tuve el valor de mirar hacia atrás y ver todo el mal que había causado. Miré horrorizado todo lo que había hecho durante largo tiempo, vi, con terror, el monstruo en el que me convertí y simplemente caí en negación, en abandono, en dolor, pero principalmente en odio, mucho odio y repulsión, lo cual realmente no sirvió de nada productivo, caí junto a malas compañías, cometí errores sin sentido y todo por desesperación. Abandoné a personas importantes cuando realmente necesitaban de mí, pasé de llenar mis “necesidades” a culparme de todo el mal que causé. Luego, pues como deben de suponer, me arropó la soledad, una oscura y densa soledad, a la cual, aún temo y no quisiera volver a vivir en ella jamás. Me abandoné al destino, olvidando que destino es una palabra usada por aquellos que han perdido el sentido de quiénes son, claro, me encontraba en esa situación, no saber quién era, sumido en el pesimismo y sin ganas de seguir viviendo una vida llena de mentiras e ilusiones. Pasé por la vida como que nada me importaba, sufriendo por dentro, destrozándome a mí mismo, por saber que era el único culpable de mi suerte, me abandoné al tiempo y desperdicie muchas veces la oportunidad de salir de esta oscuridad por toda la culpa que sentía, es lógico, todos hemos sentido culpa y a pesar de saber que podemos superarla, nos quedamos sumergidos en ella hasta encontrar el perdón, no de los demás, sino de nosotros mismos. Todo esto, un corazón destrozado, una soledad avasalladora, culpa interminable y oscuridad infinita, fueron al traste con el hecho de que perdí a la única persona a la que escuchaba en mis momentos de poca lucidez vital, la perdí para siempre, sintiéndome culpable por el hecho de haberla abandonado tantas veces y la había dejado atrás, créanme, no hay culpa más grande que perder a un amigo y lamentarse el haber sido tan tonto como para abandonarlo y no disfrutar el tiempo a su lado, pero a pesar de esto, fueron sus últimas palabras, “eres mucho mejor de lo que crees, no te rindas aún y eres más luz de la que estás irradiando ahora”, las que me hicieron volver de mi shock emocional y sentir la realidad de nuevo, perder a esta persona es el golpe más duro que jamás haya recibido, pero fue lo que de nuevo me dio las fuerzas para ponerme de pie y cumplir su voluntad. Porque fueron aquellas dulces palabras, las cuales agradezco de todo corazón, las que me hicieron entender que lamentarme no serviría de nada, que quedarme sumergido en la oscuridad y la culpa no era la solución a mi problema, fueron estas palabras las que me hicieron comprender que aún no era tiempo de rendirme. Me puse de pie y grité a los 4 vientos que lograría ser más, que no me rendiría nunca y que seguiría adelante a como diera lugar.
Y así fue, dejé a mi viejo yo, lleno de odio y penas atrás, me sentí fuera de las murallas avasalladoras de mi corazón, me sentí vivo de nuevo y me prometí a mí mismo enmendar mis horribles errores, haciendo de mi presente lo mejor que pudiera, porque es sólo cuando nos esforzamos por ser mejores que entendemos que la vida no acaba, que aunque tengamos miedo el salto hay que darlo, porque nos llenará de fuerza el hecho de sentirnos parte de algo más grande que estar tirados sin disfrutar de la vida. He enmendado mi vida luego de todo esto, puedo decir que soy más feliz porque he logrado mi sueño de ponerme de pie. Los problemas no han faltado, viví por un tiempo atrapado en hacer mi vida, día a día, enmienda de mis errores, dejé de disfrutarla sólo para complacer a otros y así no sentir más culpa. Funcionó un tiempo, pero me aburrió, me entristeció y finalmente comprendí que vivir para otros no era la forma de enmendar mis errores. Todo esto lo entendí cuando conocí a una persona, que a pesar de que la empujaba, ella siempre estuvo a mi lado, que a pesar de no creer en mí, ella siempre lo hizo y aún lo hace. Una mujer con la que he tenido los momentos más raros del mundo, hemos peleado, hemos sido enemigos, hemos reído y llorado juntos, pero es la mujer que en verdad me ha enseñado a amar, es por la que vivo y es la que cada día me inspira a ser un poquito más como ella y a confiar en mí mismo. Una mujer a la que admiro y le agradezco el estar a mi lado sin importarle mis defectos y errores. Con esperanza renovada, con un corazón lleno y libre de culpas, he escrito este capítulo final de mi historia, hasta ahora, donde suelto la larga cruz de penas y tristezas que por largo tiempo me han agobiado, con el fin de lograr ser una mejor persona.
No he escrito mi historia, para que me tomen pena, o se sientan mal por mí, no es la intención de contarles mi historia. A pesar de ser un desahogo personal y de que me ha dolido muchísimo escribir todo esto por los malos momentos que me hizo recordar, al final del día no me arrepiento de nada, porque todo eso me ha hecho quien soy hoy, me ha hecho ver la vida de diferente forma y tomar más enserio lo que importa.
No soy la mejor persona, no estoy en posición de exigirle nada a nadie y menos de hacer correcciones a las personas, pero vivir es lo más peligroso que tiene la vida y sí yo lo hago, lo que les quiero dejar dicho es que ustedes también pueden hacerlo. Sé que hay gente con historias más interesantes que la de este simple mortal, sé que muchas personas temen a revelar sus penas y miedos, es entendible, todos nosotros hemos vivido realidades distintas y hemos sufrido en diferente forma, pero sin importar todo lo que hayamos sufrido, debemos ser agradecidos por esta vida, la única que tenemos, en la que estamos rodeados de personas a las que amamos, apreciamos y respetamos y que nos pagan con reciprocidad. Mi consejo de vida para todo el que haya tomado un poco de su tiempo para leer estas líneas, es pura y sencillamente, no teman vivir, no teman lanzarse, no teman hacer lo que les hace felices en verdad, miren hoy a sus seres queridos y díganle lo importantes que son para cada uno, porque mañana no sabemos, ayer ya pasó y es hoy cuando tenemos la oportunidad de ser agradecidos por todo lo que ha pasado en nuestras vidas.
Gracias por leer mis humildes líneas, quizás las últimas que escriba, por cuestiones personales, pero que me han llevado a desahogarme de una vez y por todas y me han llevado a pasar de unas Crónicas de un Amor Incompleto, a estas Crónicas de una Vida Perfecta, en la cual no tengo todo lo que quiero, pero sí todo lo que me hace feliz y nada es más importante que eso. Sean felices, amen y déjense amar, no encierren su corazón entre murallas, miren hacia arriba y disfruten del sol en sus ojos, porque es la más gratificante señal, de estar vivos, poder ver el sol de un nuevo amanecer…
“El luchador que se ha retirado lamenta aquel triunfo que pudo haber alcanzado, pues el éxito no es más que el revés del fracaso y del fracaso al triunfo suele haber sólo un paso”. Por ello, cuando más adversa sea tu suerte, cuando la vida misma te golpee más fuerte, cuando todo parezca resultar imposible, continúa infatigable, creando tú propio camino, tu única e irrepetible forma de hacer las cosas, sin vacilar ni por un instante, pues entonces es cuando menos te debes rendir.
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