Ironías, decepciones, traiciones, momentos de soledad y hasta dudas sobre nosotros mismos, el carrusel de la vida siempre nos sorprende con trágicos momentos en los cuales perdemos el rumbo y a pesar de poder ver el camino, no queremos seguirlo por miedo a perdernos. Muchas veces se presentan situaciones tan complejas, que muchas veces olvidamos que la solución a los problemas más difíciles tiende a ser la opción que nunca contemplamos, la que consideramos como estúpida y sin sentido e incluso olvidamos que en la vida, nada tiene sentido y si lo tuviese, para qué sirviera vivir, me explico, si tuviésemos a mano, la respuesta a todas las ironías, las decepciones, las traiciones, los momentos de soledad y por qué no, las respuestas a las dudas sobre nosotros mismos, entonces no aprenderíamos nada, no creceríamos con la experiencia de los malos ratos, no daríamos lo mejor de nosotros día a día y vivir no tuviera un sentido tan preciado como el que tiene. Fuéramos, en términos simples, ilusos funcionales, tontos empedernidos en pocas palabras no sabríamos vivir.
El camino es muchas veces tosco y duro, pero, no es éste mismo camino el que nos hace fuertes y nos ayuda a crecer? No es éste mismo camino el que nos enseña a aprovechar los momentos de dicha, felicidad, alegría y gozo? O acaso no es éste camino el que nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos y a dejar de dudar de nosotros mismos?
Las respuestas de la vida nunca se encontraran yendo por el camino fácil, nunca se encontraran dejando que la vida nos pase por arriba, mientras nos quejamos de por qué nos suceden las cosas a nosotros, creemos que tenemos los problemas más grandes del mundo ignorando que aquel que está a nuestro lado tiene problemas muchísimo más grandes que los nuestros, queremos parecer siempre las víctimas de un “mundo cruel” y de una “vida injusta” pero no hacemos nada por cambiar esa realidad, nada excepto quejarnos y preguntar por qué a nosotros.
Empezamos a crear vacíos dentro de nosotros mismos, con el fin y la esperanza de que alguien nos salve, de que nos enseñe el camino y creamos una “dependencia enfermiza” de aquel que nos ha “salvado”. Sin embargo, a pesar de que ese alguien nos haya salvado de nosotros mismos, no le damos el valor que en verdad merece y simplemente estamos con esa persona porque pretendemos ser más a su lado y no vemos que ese alguien nos quiere enseñar a que nosotros mismos podemos levantarnos y lograr lo que queramos. En la vida no siempre habrá alguien que tenga una varita mágica para resolver todos nuestros problemas, es por ello que debemos aprender a VALORAR a quienes nos rodean y se lo merecen, no porque nos hagan sentir mejor con nosotros mismos, sino por el hecho de que esa otra persona, a pesar de tener quizás muchísimos más problemas que nosotros, nos brinda un poquito de su FUERZA DE VOLUNTAD para seguir adelante. No podemos ser ignorantes con ese detalle, porque un ignorante es aquel que sabe el precio de todo, pero no sabe el valor de nada y es éste grave error el que debemos evitar a toda costa para no sufrir el duro embate de la realidad, porque si caemos en éste error, terminaremos solos y perdidos más rápido de lo que creemos.
Entonces, vale la pena apegarse a las opciones sin sentido de la vida? A aquellas opciones que nos parecen ilógicas en un momento dado, pero que por alguna extraña razón son la clave para ponernos de pie? Vale la pena sufrir simplemente por no querer dar la cara a la realidad y darnos cuenta que las SOLUCIONES SIMPLES siempre son la clave para resolver los PROBLEMAS “COMPLEJOS” de la vida? Considero que sí, por el hecho de que la vida me ha enseñado algo y es que nuestra sociedad, mejor dicho, nuestro mundo, se ha complejizado tanto que hemos olvidado el verdadero sentido de vivir, ya nadie se detiene a observar hacia su alrededor y ayudar al prójimo, todo porque estamos muy ocupados culpando al otro de nuestros errores. Pretendemos cambiar al mundo, pregonamos que el mundo necesita un cambio, pero no hemos dado 3 vueltas alrededor de nuestra casa para ver el desorden que nosotros mismos tenemos, queremos ser luz hacia afuera pero muchas veces estamos llenos de oscuridad, penas y tristezas por dentro. Olvidamos muchas cosas importantes a través del camino, pensamos que para crecer hay que olvidar y dejar atrás y que para madurar debemos ajustar nuestras actitudes a nuestra edad y crecer, olvidamos como ser niños en el interior y vivir con la dicha de poder despertar todos los días junto a las personas que queremos. Olvidamos la inocencia que una vez tuvimos con el fin de transformarnos en lo que la sociedad quiere que seamos. Olvidamos que muchas veces crecer y madurar no van de la mano y creemos que debemos ser lo que el grupo nos dicta que debemos ser y saben, realmente eso sólo tiene un fallo, yo lo llamaría un fallo de proporciones “TITANICAS” debido a que queremos correr antes de gatear, madurar y crecer no es adaptarse a los cambios de ambiente o al cambio de edad, o de grupo, madurar significa AUTOCONTROL, saber qué hacer y cómo hacerlo, pero creemos que simplemente maduramos tomando actitudes COPROFAGAS[Come Mierda Hijos Míos :P] y se nos olvida que crecer no es simplemente acumular años, sino aprovecharlos al máximo viviendo cada día al máximo, dando lo mejor de nosotros, como si no hubiese mañana, porque tarde o temprano, no habrá un mañana. Nunca se debe dejar de ser un niño en el alma, por más tonto que suene, porque al fin y al cabo la vida es pura ironía, cuando somos niños queremos crecer lo más rápido posible, pero ahora añoramos esos días de la infancia, los momentos sin ningún tipo de preocupación, pero al mismo tiempo vivimos bajo el FALSO concepto de madurez y crecimiento que se nos ha impuesto.
Es por ello que debemos detenernos un segundo y bajarnos del mundo, que no nos da tiempo para respirar. Debemos recordar siempre que cuando fuimos niños, nunca mirábamos antes de saltar, pero ahora que somos adultos, miramos pero de todas maneras debemos hacer el salto, por más difícil y brusco que se vea, es ese SALTO, el que mañana nos enseñará que la vida es un carrusel, de altas y bajas, de momentos buenos y malos, pero que un día se detendrá y lo que hicimos durante ése salto nos diferenciará de aquellos que no se atrevieron a dar más y a vivir de la forma más alegre que podamos. Muchas veces a todos nos faltan las fuerzas para ponernos de pie, creemos que todo termina en un simple momento de debilidad, pero es ahí en ese preciso instante donde pase lo que pase debemos ponernos de pie, debemos luchar y recordar que los únicos capaces de realizar nuestros sueños somos nosotros mismos.
Siempre es mejor haberse equivocado al realizar el salto, a nunca atreverse a hacerlo, porque aquel que se arriesga a saltar y falla, sabe que para la próxima debe ser más precavido, pero el que no se atreve a hacer el salto vivirá arrepentido y avergonzado de sí mismo al saber que al final del salto estaba lo que por tanto tiempo busco y no se atrevió a obtener a pesar de estar tan cerca.
lunes, 7 de septiembre de 2009
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